
Dentro de los fenómenos sociales que se desarrollan en nuestro país, no podemos dejar de mencionar al denominado "Rock Nacional", el rock argentino, que es seguido por miles de personas y despierta conductas por demás particulares.
Como consecuencia de este "fenómeno social", somos testigos de la idiotez de masas, que pretende transformar en dioses a tipos comunes y corrientes que sólo son artistas. Por caso el Indio Solari, un tipo parco y elitista (tiene derecho a ser como le plazca), que nunca pretendió ser uno más de la tribu de inadaptados que lo siguen (más allá de que come gracias a ellos) que en su condenada vida entenderán su música en su máximo nivel.
Estos individuos consumen al Che Guevara como un elemento más de mercado, pero no son conscientes de ello, porque en su pobre mente creen que están realizando un acto de rebeldía, cuando en verdad si miraran la etiqueta de sus remeras de susodicho personaje leerían: "Made In China". No saben que el capitalismo aprehende todo lo que puede ser una amenaza y lo transforma en producto de mercado, serializándolo, simplificándolo y por consiguiente vaciándolo de todo contenido, y para peor lucrando con ello. Si el Che resucitara creo que se cortaría las pelotas con una Gillete.
Como ejemplo tenemos el caso de la cultura Punk, muy pocos saben la tendencia Anarquista de dicho moviendo, su nacimiento como contracultura (para esto les recomiendo ver la película de James Merendino “Salt Lake City Punk”).
Sumado a lo anterior podemos decir que también somos testigos de cómo se futbolizan varios aspectos de nuestra vida, entre los que encontramos al Rock, el cual a través de la generación de rivalidades al estilo River vs Boca (ejemplo Soda Stereo vs Los Redondos, ambas nunca pretendieron generar esta estúpida rivalidad) no hace más que sumarle al rock un ingrediente patético, que no tiene otro fin que el de empobrecer el arte que nos ofrecen los músicos, tiñéndolo de un matiz deportivo, y sobretodo muy ligado al sentimentalismo a lo que llaman el “folklore del fútbol” (los trapos, la hinchada de tal banda, el aguante, etc), y alejándolo de su verdadera esencia.
Podemos sumar a éste fenómeno de masas la tendencia a estereotipar, potenciada por los medios (ejemplo acabado es el suplemente SI! de Clarín), entre los estereotipos más comunes podemos nombrar a los Punks, Alternas, Darks, Rolingas, Ricoteros, Hiphoperos, Soderos (?), etc que no hacen más que mostrar lo que pretende el capitalismo, llenar la sociedad de “modelos” para el consumo, vendiéndoles la idea de que son rebeldes, cuando en realidad son un engranaje más de la rueda del consumo.
Esta gente carece de un nivel de abstracción que les permita analizar lo que escuchan y por lo tanto sus análisis sobre determinados artistas son más que pobres. De esa manera insultan al arte, no llegan a apreciar en su máximo esplendor lo que se les ofrece, por lo que muchos artistas mueren el intento de ser reconocidos y otros se suman a esta ola y en pleno orgasmo demagógico, le ofrecen a sus seguidores lo que estos quieren, privilegiando el lucro y amputando sus posibilidades de desarrollo artístico..
No hablo de todos los que escuchan música nacional, no pretendo generalizar, sino caería en el mismo acto que repudio, sólo nombro los casos que engloban gran cantidad de personas. Una cosa es decir un par de personas hacen determinada cosa que decir algunas, muchas o todas.
Este escrito fue inspirado por un artículo de Martín Zariello en su blog “Il Corvino”, lo que iba a ser un post se transformó en un artículo de éste blog.
No pretendo vivir de sus ideas, sino mas bien que vea que ha despertado en mi una catarata de ideas, que quizá no sean del todo originales, pero que yacían dormidas en mi mente.
No estoy a la altura de Martín con respecto al manejo del lenguaje, las citas literarias y la redacción (más allá de que estudio periodismo y debería estar aceitado en ese aspecto), pero espero poder aportar un grano más de arena en el análisis de lo que sucede con el Rock nacional.






